Mochila Quechua RT Team 10L Decathlon

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Tras haber utilizado esta mochila durante una temporada, voy a hacer una pequeña review de un producto que cubre perfectamente las necesidades de cualquier corredor de trail aficionado.

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El enlace a la página de Decathlon es el siguiente: Link
Por el momento está fuera de stock, supongo que en primavera volverá a estar disponible o sacarán la nueva versión de cara a la nueva temporada.

Empezamos por lo que me gusta:

Precio: 40 €. La mitad de lo que cuestan las mochilas de la competencia (Camelbak, Salomon, Nathan, etc.)

Gran capacidad: La mochila tiene bolsillos para llevar dos bidones y una bolsa (tipo camelback) de 2 litros. los bolsillos exteriores permites llevar a mano geles y barritas y acceder a ellos sin tener que quitarse la mochila. Incorpora también un sistema de sujeción de bastones, muy práctico para salidas por la montaña.
Quizás la capacidad sea un arma de doble filo y acabes llevando más de lo necesario a cuestas.

Peso: Extremadamente ligera y cómoda.

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Ambos bolsillos disponen de costuras termoselladas. El delantera, por su tamaño más reducido, es muy práctico para llevar la documentación, móvil, etc.

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La bolsa de agua se puede extraer fácilmente para limpiarla, ventilarla o sustituirla, si se rompiera.

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Los bolsillos exteriores disponen de unos ganchos elásticos que se atan al pitorro del bidón, quedando así sujetos. La posición de los bidones sería mejor en las solapas delanteras, el acceso ellos es relativamente correcto.

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Con unos bastones de 2 tramos instalados:

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Lo que no me gusta:

Sistema enganche bastones y bolsa de agua:  Tanto los mosquetones interiores como el enganche exterior son de plástico y tienen un aspecto bastante endeble. De momento no se ha roto ninguno pero he leído comentarios en foros en los que ha ocurrido.

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Cinturón frontal: Extremadamente largo. Pese a que cumple con su cometido, deberían revisar la extensión del cinturón en futuras ediciones la mochila.

Bolsillos cinturón: Los bolsillos del cinturón son de tipo malla por lo que no son impermeables y únicamente los puedes utilizar para llevar geles o barritas. Sería práctico que uno de los dos fuera impermeable para poder llevar el móvil. Muchas veces en la montaña tienes que echar mano al móvil o a un mapa para comprobar la ruta, y con esta mochila tienes que sacarlo de los bolsillos traseros.

Falta de bolsillos en las solapas: Las solapas delanteras no tienen más función que la de sujetar. La mayoría de mochilas de la competencia disponen de bolsillos o adaptadores para llevar un bidón en la parte frontal.

En general la mochila es una muy buena compra. Cumple perfectamente con las expectativas y el presupuesto de un corredor aficionado. Yo la he utilizado tanto para salidas largas por carretera como en la montaña y ha cumplido perfectamente. Su gran capacidad permite llevar ropa seca de recambio así como comida y otros gadgets que puedas necesitar en tus salidas.

Turismo en Suiza:
De Ginebra a Zúrich

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Todo empezó con unos billetes Budapest - Ginebra que encontró Nora a precio de risa: 11€ por persona. Al final tuvimos que sumar 30€ por facturar una maleta, ya que Wizzair incorpora un nuevo concepto en sus tarifas: el equipaje de mano pequeño y el grande (el normal): si quieres llevar una maleta de cabina tienes que pagar un suplemento. Al final decidimos facturar una maleta normal.

De Viena a Budapest el tren te lleva en 2 horas y media por 19€. En Budapest buscamos un hotel cerca del bus al aeropuerto y al día siguiente volamos hacia Ginebra. El plan era cruzar Suiza en coche y volver desde Zürich a Viena tomando el tren nocturno. Algo así:


En Ginebra teníamos un coche de alquiler con Sixt. Pedimos el más barato (un VW Polo o similar) pero tuvimos suerte y nos dieron un Octavia familiar. Yeah!

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  • Tren Viena - Budapest: 19 €
  • Hotel Chesscom en Budapest: 32 € (habitación doble con desayuno)
  • Bus al aeropuerto de Budapest: 450 HUF
  • Vuelo Budapest - Ginebra: 11 € (+ 30 € por la maleta facturada)
  • Coche de alquiler en Sixt: 130 € (3 días)

Día 1: De Ginebra a Lausana

Tras conducir del aeropuerto al centro de Ginebra, nos dimos cuenta de que meterse con el coche en la ciudad no era buena idea. El tráfico en Suiza es terrible, no sé si es por la falta de espacio o por la ausencia de estrés que tienen los suizos al volante, pero si has de conducir en territorio suizo, no tengas prisa.

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Aparcamos el coche a las afueras del centro, en una zona gratuita y nos dispusimos a explorar la ciudad. Tras unas 4 horas visitando la ciudad pusimos rumbo a Lausana, donde teníamos el albergue reservado (dormir en Ginebra es increíblemente caro).

Antes de tomar la autopista, paramos en el CERN para hacer una foto desde la puerta, ya que nos avisaron en la oficina de turismo que cierra a las 5 de la tarde y que si quieres visitarlo has de hacer una reserva con antelación. Además, sospecho que no hubiéramos entendido las explicaciones sobre física nuclear...

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Día 2: Lausana, Castillo de Chillon, Friburgo, Gruyères, Avenches y Grindelwald

El despertador sonaba antes de las 7. Desayunamos, cargamos el coche y salimos con destino al castillo de Chillon: una fortaleza a orillas del lago Lemán que merece la pena visitar. Antes de dejar Lausana, aprovechamos para dar una vuelta por el casco antiguo de la ciudad. La queríamos haber visitado el día anterior, pero después del vuelo y la visita a Ginebra estábamos rotos.

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En Chillon pagamos 22 CHF por las entradas (un adulto y un estudiante porque, como siempre, me dejé el carné de la universidad...).

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Tras Chillon, salimos hacia Gruyeres, famoso por la producción de queso. El pueblo es diminuto y tiene, seguramente, más restaurantes que habitantes.



Dimos una vuelta, vimos como elaboraban el queso y seguimos hacia Friburgo, un pueblo muy pintoresco a dos alturas.

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Como los precios en Suiza son desorbitados (al menos para el turista), hemos estado haciendo picnics la mayoría del tiempo. Esto es, buscar un Coop o un Migros (las cadenas de supermercados más grandes en Suiza), buscar un rincón donde montar el tenderete y hartarnos a pan, queso y fruta. No ha sido una dieta muy variada, pero suficiente para mantenernos en ruta.

Así que, tras el picnic oficial en Friburgo, retomamos la ruta rumbo a Grindelwald pero desviándonos un poco hacia el norte para pasar por Avenches, donde se puede visitar un asentamiento romano muy bien conservado. Actualmente el teatro se utiliza para representaciones de opera al aire libre en las noches de verano.

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Al atardecer llegábamos a Grindelwald, listos para dejar las mochilas y salir a dar una vuelta. No pudimos resistirnos y entre tanto olor a queso acabamos sentándonos en una terraza a cenar una foundue. Supongo que no puedes pasar por Suiza sin probar una...

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    • Entrada Castillo Chillon: 10 CHF adultos, 12 CHF estudiantes.
    • Albergue Grindelwald Down Town Lodge32 € (por persona con desayuno, en una habitación de 9). No tenían agua caliente y esto fue bastante molesto.
    • Cena en el restaurante del Hotel Eiger: ensalada grande, foundue de hiervas (para una persona) y bebidas: 48 CHF. Una fondue para dos es suficiente, incluso con la ensalada pequeña. 

    Día 3: Grindelwald y Lucerna

    Una de las paradas que quería hacer sí o sí era pasar por los alpes suizos. La primera idea fue Zermatt pero se alejaba demasiado de la ruta y el acceso por carretera está restringido. Al final cambiamos de planes y escogimos Grindelwald.

    Este es el albergue donde nos hospedamos. Creo que a excepción de un par de chicos más, eramos los únicos huéspedes no-asiáticos:

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    Desayunamos, hicimos el check-out y dejamos el equipaje en el coche para tomar un autobús que nos llevaba a Grosse Scheidegg, el punto donde empezamos nuestra excursión por las montañas suizas.

    La habilidad de los conductores de autobús es impresionante, cuando ves el recorrido entiendes por qué no dejan subir a los coches: se mataría más de uno y más de dos al tomar las curvas.

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    Una vez arriba, el paisaje es increíble. Hicimos la mayoría de la travesía con la boca abierta, en parte debido a la falta de aliento.

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    Encontramos incluso un rodaje indio. Sí, en medio de la montaña. Nos quedamos alucinando:

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    Tras la caminata, bus de vuelta a Grindelwald. Ducha, comida y directos hacia Lucerna, donde teníamos la reserva del siguiente albergue.

    Al final el recorrido que hicimos en la montaña fue el siguiente:



    Llegamos a Lucerna a la hora de cenar. Dejamos los bultos en el albergue y cogimos el coche de nuevo en dirección al centro. Lucerna está también a orillas de un lago, por lo que toda la vida nocturna se concentra en el puerto. El botellón está permitido: hay baños públicos y los suizos son muy limpios, por lo que la basura o los portales llenos de orina no es un problema aquí.

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    Tomamos una cerveza, pero después de todo el día caminando y conduciendo, decidimos volver al albergue a descansar.
    • Autobús Grindelwald - Grosse Scheidegg: 17 CHF (por persona).
    • Autobús Waldspitz - Grindelwald: 22,80 CHF (por persona).
    • Albergue Luzern Youth Hostel: 29,90 € (por persona con desayuno, en una habitación de 4).

    Día 4: De Lucerna a Zúrich

    Hicimos una segunda visita a la ciudad, esta vez de día. Era día de mercado y toda la orilla del lago estaba repleta de puestos de comida: verduras, pescado fresco, embutidos...

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    Sin entretenernos demasiado, dejamos la ciudad y pusimos rumbo a Zúrich, nuestra última parada. Allí teníamos que devolver el coche alrededor de las 12 del mediodía.

    Se acabó el chollo de ir de puerta a puerta sin cargar maletas. Dejamos el coche y arrastramos la maleta por media ciudad hasta el hotel que teníamos reservado. Tras tres días compartiendo habitación con personas random, por fin teníamos una habitación privada (y con baño!) .

    Sin saberlo cuando hicimos la reserva, coincidimos con el festival de la ciudad, el Züri Fäscht, que además se celebra cada 3 años.

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    Las calles abarrotadas de gente y puestos de comida, escenarios con música en todos los rincones, actividades, exhibiciones aéreas...

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    La atracción final es un piro-musical sobre el lago. Me habían dicho que los fuegos artificiales son de los mejores de Europa pero hasta que no los ves no puedes apreciar por qué. Es algo así como una experiencia Full HD. El espectáculo no es especialmente largo, pero la calidad es bestial. Impresionante.

    • easyHotel Zürich: 115 CHF (habitación doble sin desayuno)

    Día 5: Zúrich y vuelta a Viena

    Tras un día agotador (y un poco de resaca de la noche anterior), decidimos apurar la estancia en el hotel hasta las 10:30. Hicimos el check-out y nos dirigimos a la estación de trenes para dejar las maletas en una taquilla.

    El plan era dar una vuelta y hacer alguna parada (vimos una demostración de wake-board, una carrera de remos y un par de actuaciones). A las 3 realizamos el walking-tour gratuito de Zúrich. Es la primera vez que hacíamos algo así y, pese a que los guías no son profesionales (el nuestro era un chico polaco que trabaja en una tienda de bicicletas), te dan una visión muy buena de los monumentos y la historia de la ciudad. Éramos sólo 3 personas y el guía: el resto de turistas estarían emborrachándose entre la multitud.

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    A media tarde empezamos a deambular por la ciudad, de parque en parque, agotados tras los últimos días de turismo extremo. Tras la última visita al Coop y comprar algo para cenar, fuimos a la estación donde recogimos las maletas y tomamos el tren rumbo a Viena.

    • Tren Zúrich - Viena: 54 € (por persona, vagón de asientos).
    Bonustrack: Galería completa de Flickr aquí.

    De vuelta en Graz:
    La Meskla y el Grazathlon

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    La familia de Antonia, una amiga que conocimos en Barcelona, acaba de abrir un bar en Graz. La Meskla, un bar con sabor peruano, moderno y muy cool. Aprovechamos que nuestro grupo de amigos están rocanroleando en el Nova Rock para hacerles una visita y pasear por la ciudad.

    La Meskla

    La carta incluye comida y bebida de Perú, y el cóctel estrella es el Chilcano de Pisco, una suerte de mojito andino. Si pasáis por Graz, no dejéis de hacer una visita.

    Dejamos a las chicas trabajando en el bar y fuimos a dar una vuelta por el centro de Graz. La ciudad tiene poco que ver con la que nos encontramos después de navidades, cuando la visité por primera vez. Hicimos turismo casi a la carrera, entre té y café para entrar en calor.

    Ahora que el verano por fin ha llegado, las terrazas están repletas de gente, hay colas en las tiendas de helado, chiringuitos a la orilla del río... un gusto.

    Sin saberlo, nos encontramos con el Grazathlon, una carrera de obstáculos por la ciudad, estilo Epic Run.

    Grazathlon

    Balas de paja, montañas de neumáticos, piscinas de barro...

    Gratathlon

    También Mario estaba corriendo por allí:

    Grazathlon

    Al final, como siempre, una fiesta: cerveza, música, salchichas...

    Gratathlon

    Y cola en las fuentes públicas para quitarse el barro.

    Grazathlon

    Si el año que viene aún paramos por aquí, ya tenemos plan para el segundo sábado de Junio.

    La semana de la bicicleta en Viena

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    El partido verde tiene bastante presencia en el gobierno austriaco, y esto se nota.
    Esta semana es la semana de la bicicleta, con actividades, conciertos, desfiles de moda ciclista, etc.

    Ayer fue el Wiener RADcorso: un tour en bicicleta por el centro de la ciudad con las calles cerradas sólo para nosotros.

    Wien RADcorso

    Anunciaban en los periódicos unas 3.500 bicicletas. No sé si se pasaron o se quedaron cortos, pero había un ambientazo impresionante.

    Wien RADcorso

    Incluso discoteca móvil:

    Wien RADcorso

    Y un panda ciclista:

    Wien RADcorso

    El recorrido acababa en Prater, donde habían montado un escenario y varias carpas con comida y bebida, pero nosotros, que somos listos como las ardillas, fuimos a devolver las bicicletas del Citybike Wien y al Billa a por unas cervezas.

    Sol, cerveza, música...
    Wien RADcorso
    Wien RADcorso

    La galería completa en Flickr.
    Y este es el recorrido que hicimos:

    Riding Steiermark

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    Hace un par de meses compré una bicicleta de carretera más vieja que yo a través de una página de segunda mano. Entre la maratón, viajes y visitas apenas había tenido tiempo de pegarle un manguerazo, hincharle las ruedas y ponerme a rodar.

    Este fin de semana pude, por fin, sacarla un rato a pasear. Si algo bueno tiene este país (y en concreto el pueblo de Nora) son los paisajes y la increíble accesibilidad a espacios naturales.

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    Prados con kilómetros y kilómetros de carreteras secundarias sin tráfico alguno:

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    (Nota mental: no volver a olvidarme los guantes en Viena.) Los pueblecitos se van quedando al lado de la carretera:

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    Hasta que llegando a casa di con un pequeño mercadillo y un camión-bar con cerveza fresquita: mantenerse hidratado es una de las mayores preocupaciones de cualquier deportista de fondo.

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    Tras una mediana de las de aquí (0,5L) me subí en la bicicleta, un poco alegre, y pedaleé los 5 kilómetros que me faltaban hasta llegar a casa.

    Este es el track de la salida: unos 50 km sin apenas desnivel que me dejaron muy buen sabor de boca y muchas ganas de hacer una salida un poco más larga.

    La maratón de Viena

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    Meses entrenando, convenciéndome de que el frío es psicológico, corriendo sobre nieve a menos muchos grados... y al fin el día D llegó. Las últimas dos semanas se habían hecho eternas, apenas corriendo, guardando energía para el día de la carrera.

    Como trabajo en el aeropuerto, a partir del miércoles se empezaban a ver los primeros deportistas aterrizando en la ciudad. Compartí el tren con dos chavales de orígen nigeriano que venían desde Londres para correr en Viena.

    El fin de semana de la maratón empezó el viernes, cuando recogí a mi hermana de la estación de autobuses, que llegaba desde Polonia para animar. El sábado por la mañana llegaban mis padres.
    Tras dejar el equipaje, nos dirigimos a la feria para dar una vuelta, recoger los dorsales (el de maratón para mí y el de media para mi padre) y palpar el ambiente.

    En la feria regalaban fruta, muesli, yogur... apenas probé bocado, en parte por los nervios y por miedo a que algo me sentara mal. Nos metimos el último atracón de pasta y disfrutamos del buen tiempo en el Bunkerei, un descubrimiento reciente junto a casa:

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    Bunkerei by scottpartee on Flickr.

    La tarde empezaba a caer, así que decidimos ir a casa, estar tranquilos y hacer bondad yendo a la cama temprano. Pedimos schnitzel online, probablemente no es la mejor cena pre-maratón, pero mis padres tenían que probar este elaboradísimo plato vienés.

    El despertador sonó a las 5.45. Me levanté de un salto y preparé el desayuno: café con leche, muesli, yogur y un poco de fruta. El desayuno habitual de cada día. Ya me habían advertido: nada de inventos.
    A las 6 y poco ya estaba desayunado y preparado para empezar a ponerme nervioso hasta las 7.45 que teníamos previsto salir de casa.

    El metro iba hasta los topes y aunque íbamos un poco despistados por ser nuestro primer evento de estas dimensiones, sólo hacía falta seguir los ríos de gente que caminaban hacia la salida.

    Wien Marathon Start 2013
    Wien Marathon Start 2013 by Swedish Girls on Flickr.

    Teníamos una hora por delante y los minutos pasaban a paso de tortuga. Solamente queríamos escuchar el disparo y empezar a correr. A las 9 empezó la salida para los pros, lo que nos daba 10 minutos para empezar nuestra propia aventura.

    El ambiente se empezó a encender (más aún si cabe) y la gente empezó a trotar hacia delante. Los pelos de punta, el pulsómetro a 150ppm sin apenas movernos. Al trote nos despedimos de la familia y unos metros más adelante pisamos al fin la primera banda para medir el tiempo.

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    _MG_1111 by harald_nistelberger on Flickr.

    Los primeros kilómetros eran una verdadera marabunta y tenías que tener cuidado de no pisar al que tenías delante. Pudimos ir charlando, calentando a ritmo suave hasta el km 3, donde mi padre y yo nos separamos ya que yo tenía en mente rodar a 5:10 para hacer sub 3h45min en mi primera maratón. Los km iban pasando bastante fácil. La gente, el ambiente y el día de sol que había salido me plantaron en la media maratón sin sufrir demasiado.

    Vi a mi familia por última vez alrededor del km 20. La logística de una maratón donde hay dos personas que corren (a ritmos distintos) es bastante complicada. Habíamos quedado en el km 30, para darme un empujón si las fuerzas y la moral habían mermado para entonces. Pero no pudo ser.

    Street life around the Vienna City Marathon
    Street life around the Vienna City Marathon by marcelleitner bilderleben.at on Flickr.

    Tras el km 20 empecé a planear la nutrición. Llevaba dos geles GU y un paquete de gominolas (GU Chomps). A partir del km 5 empecé a tomar una gominola en cada avituallamiento. Aunque este sistema ya lo tenía probado, lo cierto es que ese día no me sentaron demasiado bien y a cada gominola notaba un retortijón que terminaba en aire expulsado (ya lo siento por los corredores que iban detrás mío...).

    En el km 25 me tomé un gel. Al ser de absorción lenta, calculaba que tardaría de 3 a 5 km en notar los efectos y que me durarían hasta el 32 o 33. Y ya en este punto decidiría cómo iba de fuerzas para tomar el siguiente.

    Llegué al km 30, 31, 32 y no vi rastro de mi familia. Supuse que bien iban tarde o que no habían podido llegar al punto acordado. Así que no había más cojones que auto-motivarse y seguir corriendo.
    A partir del 32 empezó el verdadero infierno. Aún con 10 km por delante las fuerzas empezaban a escasear y el calor hacía mella.

    Fui aguantando el ritmo intentando hacerme regalos mentales. Tras otro km a 5:15, 20 segundos trotando a 5:40, por ejemplo.
    De repente vi una bandera gigante de España en el km 37: eran unos amigos que habían ido hasta allí para animarme en los km más duros. La novia de un compañero empezó a correr a la par durante unos metros y esto fue la luz al final del túnel.

    Me planté en el 38 con la moral a 120%: lo peor ya había pasado. Ya sólo quedaban 3 más: para el último no hace falta guardar fuerzas.

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    _MG_1088 by harald_nistelberger on Flickr.

    A medida que se acercaba el final muchos corredores paraban en seco y empezaban a estirar. Varias ambulancias estaban atendiendo a aquellos a los que les había dado una pájara. Llegados a este punto tienes que obligarte a mirar hacia delante y a convencerte de que tú estás bien.

    El final estaba cerca. La gente ya gritaba "sólo uno más!". El cansancio dejaba paso al éxtasis y a la emoción, sintiendo que aquello por lo que había entrenado tanto y tan duro estaba a punto de suceder.

    Con la marca del 42 pasas por debajo del arco imperial del Hofburg, aguantando la respiración y apretando el culo para controlar la emoción y no romper a llorar. De repente divisé las banderas de España y Cataluña en la tribuna: mi familia estaba allí.

    Los últimos metros se recorren sobre una moqueta amarilla. Se la podrían ahorrar porque si te fijas bien, puedes ver a la gente levitar.

    Este soy yo entrando a meta y saludando a la grada:

    Wien Marathon
    Wien Marathon by Swedish Girls on Flickr.

    Al final 3 horas 46 minutos. Contento con el resultado. Sospechaba que era capaz. Ahora tengo una medalla que lo atestigua.

    El track en Strava: